Defender a un régimen mediocre como el chavista, con menos del 8 % de apoyo y con políticas que han llevado al país a la quiebra, es una de las posturas más desquiciadas que una persona puede asumir.
Los militares y policías que todavía se prestan voluntariamente como carne de cañón para defender a la cúpula de Maduro no parecen comprender lo que les espera.