“Yo tengo derecho a investigar, pero ustedes, hijos del diablo, no tienen derecho a quitarme la vida”. Hoy esa frase duele más que nunca.
Monika fue encontrada sin vida en su domicilio, en Santa Elena, en circunstancias que aún deben ser esclarecidas. Era una mujer que denunciaba presuntos actos de corrupción, una activista que decidió no guardar silencio frente a lo que consideraba injusto.
Su muerte conmociona y hace un llamado a los organismos internacionales.
En Ecuador, demasiadas personas viven con miedo, y quienes se atreven a denunciar suelen enfrentar amenazas, hostigamiento, persecución y abandono institucional.
Monika merece verdad y justicia. Ninguna voz debería apagarse por atreverse a levantar la suya.