TRES AÑOS DESPUÉS…
Controlan la Policía.
Controlan las Fuerzas Armadas.
Controlan la Fiscalía.
Controlan los jueces que consideran afines.
Controlan el Consejo de la Judicatura.
Controlan la Asamblea Nacional.
Han tenido tres años para impulsar reformas legales profundas, depurar instituciones, fortalecer controles internos, profesionalizar la investigación criminal, corregir la administración de justicia y asumir el liderazgo de los cambios que prometieron.
Y, sin embargo, frente a cada fracaso, cada crisis y cada problema estructural, la explicación sigue siendo la misma: la culpa es de alguien más.
Llegados a este punto, el problema ya no puede atribuirse a terceros. El problema es de gestión. Es de ejecución. Es de voluntad política. Es de capacidad para transformar el poder acumulado en resultados concretos.
Porque quien tiene todo el poder, también tiene toda la responsabilidad.
Y después de tres años, las excusas empiezan a parecerse demasiado a las confesiones.