LA COLONIZACIÓN CONSUMADA: EL INDÍGENA ODIA AL INDIO
Movimiento Alter-Comunitario
La colonización europea enseñó a los pueblos indígenas a rechazar, despreciar e incluso odiar su propia cultura milenaria, empezando por su espiritualidad. El resultado es evidente: hoy, más del 99% de la población indígena de Abya Yala profesa alguna variante del cristianismo o del catolicismo, mientras las antiguas tradiciones espirituales sobreviven apenas como vestigios folklóricos o recuerdos fragmentados.
Sin embargo, el daño más profundo del colonialismo no fue únicamente la imposición de una religión o una lengua, sino la fragmentación de los pueblos. Se sembró la división hasta el punto de que hoy el indígena odia al indio, el pobre mestizo desprecia al pobre indígena, los hombres de derecha se enfrentan a los hombres de izquierda y las mujeres machistas atacan a las mujeres feministas. La lógica colonial convirtió a los dominados en vigilantes y reproductores de la dominación.
Los principales instrumentos de este proceso fueron primero la religión y después la política. Ambas enseñaron a millones de personas a pensar desde los intereses de las élites y no desde los intereses de sus propios pueblos. Por eso existen indígenas, mestizos y pobres que defienden las creencias, los valores y los proyectos de los poderosos, incluso cuando estos actúan en contra de ellos mismos y de sus comunidades.
La colonización alcanza su máxima expresión cuando ya no necesita conquistadores externos. Triunfa cuando el conquistado piensa como el conquistador, cuando adopta sus valores como propios y cuando combate a quienes intentan recuperar su memoria. En ese momento, el indígena y el mestizo que odia su parte india, deja de existir como principio de vida y visión del mundo, para convertirse únicamente en una categoría étnica, una palabra en los libros o una referencia histórica.
La victoria final del colonialismo no es ocupar territorios, sino ocupar conciencias. Es lograr que todos piensen como el blanco macho conquistador, incluso cuando el conquistador ya no está presente.
— Atawallpa Oviedo Freire
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