Entre 2025 y 2026 Cuba no registró una "oleada de vacunas comerciales" completamente nuevas como sugieren algunos anuncios oficiales triunfalistas de la dictadura.
En este periodos solo se consolidaron varios proyectos biotecnológicos con potencial impacto internacional. Entre estos, el HEBERSaVax, un candidato de vacuna terapéutica contra el cáncer que continúa en ensayos clínicos de fase II, y que mostró resultados prometedores como inmunoterapia activa en distintos tipos de tumores, entre ellos colorrectal, hepático, ovárico y renal.
El Instituto Finlay de Vacunas también intenta desarrollar Quimi-Vio 11 y Quimi-Vio 16, candidatos antineumocócicos destinados a fortalecer la protección de la población infantil frente a infecciones bacterianas graves.
Estos proyectos se suman a una industria biotecnológica que produce 8 de las 13 vacunas incluidas en el esquema nacional de inmunización y que antes desarrolló vacunas contra la COVID-19, como Abdala y Soberana. Ambas rodeadas de un debate científico y político intenso.
La controversia en torno a esos 2 candidatos vacunales tuvo que ver con la opacidad que rodeó a su producción, sin evidencias publicadas en revistas científicas revisadas por pares, y el escaso tiempo de ensayos clínicos con respecto a su aplicación en toda la población, sin esperar la autorización de uso de emergencia por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Súmese a esto el recelo provocado por la muerte de 8.530 personas durante la pandemia. Es decir, unas 77 por cada 100.000 habitantes o alrededor de 1 de cada 1.300 personas a causa de la COVID-19, según cifras oficiales.
De tal suerte, más que una avalancha de nuevos registros, el panorama actual muestra una apuesta por perfeccionar y llevar a fases más avanzadas de desarrollo varias de las investigaciones biomédicas más relevantes en tiempo récord. Quizás un intento desesperado del régimen por lavarse la cara a cualquier precio ante el desastre que sufre el sistema sanitario nacional y no solo en el orden clínico-médico.
Un país donde cualquier esquina se convirtió en vertedero es un país donde los virus y epidemias tienen terreno fértil para proliferar. Máxime si se considera que la mayoría de los cubanos deben tener el sistema inmunitario cada vez más frágil, por los altos niveles de estrés que manejan, la falta de nutrientes básicos en su alimentación, y el desabastecimiento considerable de medicamentos y suplementos, en sentido general.