Medallón central de La Virgen de los Mareantes para el retablo del Cristo de las Tres Caídas
@EspDeTriana obra de Lourdes Hernández.
Información de la Hermandad.
El alto relieve, de 1,90 metros de diámetro y configuración circular a modo de gran rosetón, ha sido ejecutado en dos fases separadas por once años, siendo tallado en madera de cedro y culminado hace escasas fechas con un exquisito proceso de dorado en oro fino Magnetti italiano y policromía mediante la tradicional técnica del estofado, usando temple al huevo, cincelado y encarnaduras al pulimento del óleo.
Cabe recordar que esta obra toma como inspiración el célebre lienzo de la Virgen de los Navegantes, realizado por Alejo Fernández en el siglo XVI para la Casa de la Contratación de Sevilla, trasladando al lenguaje escultórico una de las imágenes más representativas de la urbe hispalense de aquel momento.
La escena, pues, nos conduce a la llamada Era de los Descubrimientos, periodo decisivo para la historia de España y de nuestra propia ciudad. En el centro de la composición se alza, majestuosa, la Santísima Virgen de los Mareantes, elevada sobre un cúmulo de nubes y ángeles que se apartan ante la luminosidad de un amanecer celestial. Sus brazos abiertos simbolizan la acogida, protección e intercesión de Santa María para con todos aquellos que emprendieron la aventura hacia el Nuevo Mundo.
El amplio manto azul de la Virgen se despliega sobre los distintos estamentos sociales y religiosos que participaron en aquella empresa histórica. A su derecha aparecen representados Cristóbal Colón, ricamente ataviado, junto a fray Bartolomé de las Casas, dominico conocido como el defensor de los indígenas; fray Martín de Valencia, líder de los célebres Doce Apóstoles de México; el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros; así como religiosas de la Orden Concepcionista, destacadas por su labor evangelizadora y educativa. Bajo el amparo del manto mariano se representan, igualmente, numerosos indígenas de distintas tribus incorporados a la fe cristiana mediante el bautismo. En el lado opuesto se encuentra el emperador Carlos V, arrodillado en actitud orante y revestido con la dignidad propia de la corte española. A través de su figura se evoca el papel desempeñado por la Corona en la consolidación de los territorios americanos. Junto a él aparecen personajes estrechamente vinculados a la gesta descubridora, entre ellos Rodrigo de Triana, marinero que avistó tierra por primera vez, y uno de los hermanos Pinzón, fundamentales para el éxito de la expedición colombina. Entre las nubes nacaradas que sostienen la composición puede leerse la inscripción “STELLA MARIS” (Estrella de los Mares), antigua advocación mariana que proclama la protección de la Virgen sobre quienes surcan los océanos y depositan en Ella sus esperanzas. Y bajo los pies de la Señora descansa una esfera terrestre que muestra con minucioso detalle una representación idealizada de la Sevilla del siglo XVI, en la que destacan la Giralda, la muralla medieval, la Torre del Oro y el histórico puente de barcas sobre el río Guadalquivir. Como guiño simbólico y afectivo hacia nuestro barrio, se incorpora de forma anacrónica la Capillita del Carmen, junto a los arrabales de Triana y la Real Parroquia de Señora Santa Ana. La parte inferior de la obra se abre hacia un paisaje marino donde la luz divina transforma las aguas oscuras en un camino de Esperanza. Potentes rayos dorados descienden desde el firmamento iluminando el océano, por el que avanzan las carabelas rumbo al horizonte, que portan las enseñas reales y simbolizan la confianza, la fe y las oraciones depositadas a los pies de la Virgen de los Mareantes. El dorado ha sido realizado por Francisco Pardo y Carli Lora, mientras que los trabajos de orfebrería corresponden al taller de Ramos, y finalmente, la imaginería y la policromía han sido ejecutadas por Lourdes Hernández, quien ha contado con la colaboración de Irene Dorado en las labores de estofado.