Es que el primo de Darwin ha hecho mucho daño... La concepción galtiana psicométrica del ser humano ha calado profundamente en el sistema educativo, a pesar de que la evidencia se resiste a mostrar correlación entre estos valores 'objetivos' y el rendimiento académico (o cualquier rendimiento en general).
Y ahí estamos aún... Anclados en el convencimiento del aprendizaje como un proceso individual, cuando ya llevan más de 100 años los Vygotski, Bruner, Rogoff, Bronfenbrenner, Bandura, Dewey y demás machacando con que no, que es un proceso colectivo, comunitario.
Así, desatendiendo este fenómeno, desplazamos el foco del aprendizaje, situándolo fuera de la comunidad, o mejor dicho, en una comunidad artificial y abstracta que existe sólo dentro de las paredes del aula (o como mucho, entre los muros del centro educativo) y que se resetea cada septiembre, cuando el alumno cambia de docentes y se tira a la basura al ZDP construída el año anterior (si es que hubo ocasión de implementar algo).
Y a la vez, creamos una asincronía entre el menor y su entorno socioafectivo, entorno socioafectivo que queda cada vez más alejado de la posibilidad de participar activamente en el proceso educativo del menor, privado precisamente de la oportunidad de construir una ZDP común y bueno, quizás una historia común también.
Porque al final, un centro educativo, aunque es palpable, no deja de ser un entorno artificial, una abstracción, un mundo virtual, el mapa y no el territorio. Y aprenderte el mapa no sólo es menos útil que conocer el territorio. También es bastante más insulso.
Esta característica simbólica de los centros educativos también es compartida por el otro gran agente social contemporáneo: las pantallitas. Esto deja a la comunidad, al entorno social, como única vía de conexión con la realidad. La del día a día. La que el ser vivo y orgánico que somos puede entender directamente, y en la que puede construir una interpretación enraizada y sólida del mundo. En los otros dos ámbitos esto no es posible, porque ya son interpretaciones en sí mismos.
La concepción galtiana justifica, incluso aconseja escolarizar al menor (y de paso a toda la familia, que ha de adaptar sus ritmos y rutinas a las del horario y dinámica escolar).
Pero la complejidad del ser humano como animal social ya nos apunta que esa solución 'sencilla' del menor desplazándose a la escuela es quizás es un atajo simplista, y que probablemente es al sistema educativo al que le toca mover el culo y desplazarse a la comunidad.