Más que un palacio es un monumento histórico.
El Palacio de Bellas Artes es todo un emblema de la Ciudad de México. Y pensar que surgió en una de las etapas más contradictorias de nuestra historia: el porfiriato.
Para entenderlo hay que hablar primero de Porfirio Díaz. Fue el presidente que gobernó México durante más de 30 años y que impulsó una transformación enorme del país. Su objetivo era proyectar una imagen de modernidad ante el mundo, por eso promovió ferrocarriles, industrias, avenidas monumentales y edificios inspirados en las grandes capitales europeas.
Durante esos años nacieron obras que todavía forman parte de la identidad de México. Primero llegó el Paseo de la Reforma como el gran eje de la ciudad. Después se construyeron monumentos como el Hemiciclo a Juárez, el Palacio Postal, el Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, hoy Museo Nacional de Arte, y la Columna de la Independencia.
En ese contexto, en 1904 comenzó la construcción de lo que sería el edificio más ambicioso de todos: el Palacio de Bellas Artes.
La idea era que estuviera listo para las celebraciones del Centenario de la Independencia en 1910. El proyecto fue encargado al arquitecto italiano Adamo Boari, quien diseñó un edificio monumental con influencias europeas que buscaba competir con los grandes teatros del mundo.
Pero la historia tenía otros planes.
En 1910 estalló la Revolución Mexicana y las obras prácticamente se detuvieron. A eso se sumaron problemas económicos y un desafío inesperado: el edificio comenzó a hundirse debido al suelo de la antigua ciudad lacustre.
Porfirio Díaz nunca llegó a verlo terminado. Ese mismo año partió al exilio y el enorme esqueleto de mármol permaneció inconcluso durante décadas.
Finalmente, los trabajos se retomaron años después bajo la dirección del arquitecto mexicano Federico Mariscal, quien respetó gran parte del diseño original pero incorporó elementos art déco en los interiores. El Palacio fue inaugurado en 1934, veinticuatro años después de la caída del régimen que lo había concebido.
Lo curioso es que hoy pocos recuerdan toda esta historia cuando lo observan. Para millones de personas simplemente es Bellas Artes: el lugar de los grandes conciertos, las exposiciones más importantes, los murales de artistas legendarios y uno de los edificios más reconocibles de México.
Nació en el porfiriato, sobrevivió a una revolución, superó décadas de abandono y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos culturales más importantes del país.
Pocas construcciones cuentan tanto de la historia de México con solo verlas desde arriba. 🇲🇽