Muchos de nuestros periodistas parecen creer que su tarea es mostrar solo los errores de la sociedad.
Cuando algo funciona, casi pasa desapercibido.
Cuando algo falla, se convierte en espectáculo.
Además, muchas veces agregan sus propias opiniones y descalifican a la persona sobre la que deberían informar.
Informar no es ocultar problemas.
Pero tampoco es educar a una sociedad para mirar únicamente lo negativo.
Eso también transmite cultura: crispación, sospecha y desaliento.