Hay despedidas que duelen porque llegan demasiado pronto.
Y no estamos preparados para decir adiós.
Hoy nos toca despedir a Adda.
Durante estas últimas semanas luchamos junto a ella. La acompañamos en cada estudio, en cada tratamiento, en cada pequeño cambio que nos hacía aferrarnos a una nueva esperanza.
Pero hay momentos en los que el cuerpo ya no puede sanar.
Y cuando llega ese instante, el acto de amor más grande es acompañar, aliviar y permitir que la partida sea en paz.
Adda había llegado a ACMA después de desplomarse y ser abandonada en una calle de tierra.
Pero no llegó sola.
A su lado estaba Renato.
Su hijo.
Juntos atravesaron el miedo, la incertidumbre y el comienzo de una nueva vida.
Con el tiempo, Renato creció.
Dejó de ser aquel potrillito que caminaba pegado a su mamá para convertirse en un joven fuerte, rodeado de cuidados, protegido y querido.
Y nos gusta pensar que Adda también lo sabía.
Que, de alguna manera, pudo verlo.
Que pudo entender que su hijo ya estaba a salvo.
Que su camino iba a continuar.
Y que eso le permitió irse tranquila.
Hoy Renato queda aquí, entre las personas que prometieron cuidarlo y entre los compañeros con los que creció.
Y nosotros nos quedamos con la tranquilidad de haber intentado todo por ella y con el privilegio de haber formado parte de su vida.
Hasta pronto, Adda 🕊️✨
Corré libre.
Tu hijo está bien.
Y nosotros vamos a seguir cuidándolo por vos. 💜