En la empresa de mi padre trabajaba un hombre que se jubiló después de 41 años de dedicación.
Era reservado.
De esos que hablan poco y cumplen mucho.
Jamás faltó un solo día al trabajo.
Pero, curiosamente, casi nadie sabía realmente quién era.
El día de su despedida, delante de todos, sacó un pequeño papel doblado del bolsillo y dijo:
«Lo he llevado conmigo en la cartera desde 1989».