Ya no me drogo con la idea de que estoy cambiando el mundo, el mundo cambia aunque me quede en silencio, el mundo cambia aunque me la pase gritando.
Pensé que estaba haciendo tanto, que deje de cuidar el cachito que me fue heredado, esta carne con fecha de caducidad, esta efervescencia de emociones que se me sale por los ojos y por la boca. Este incendio que no quiero apagar.
Ya sé que lo que no te perdono es lo mismo que no puedo perdonarme, lo que te señalo es un dedo que señala a varias partes. El juicio está en mi cabeza. Yo soy el acusado, el jurado y el público comentando.
Tantos años deliberando, una sentencia que sólo existe para hacerme sentir el amor con el que fui criado. La culpa en forma de besos y abrazos.
Sé que nadie amará a ese niño que arrulle entre fantasías de que jamás sería amado. Tengo que cargarlo para cruzar el río de llanto. Tengo que cargarlo entre las flamas de la culpa y el reflejo amargo, tengo que arroparlo, entre la soledad helando. Decirle con amor en cada palabra, soy tu futuro y estoy aquí para hacerte sentir amado.
Cuantas palabras explosivas para ocultar el llanto. Cuantos silencios rígidos para fingir el amor. Cuantos textos escritos para rogar por un poco de cariño. Te vuelves bueno en algo, para buscar que alguien te acaricie la cabeza en su regazo. Te vuelves el mejor, porque crees que sólo así mereces el abrazo.
Ya no me drogo con la idea de que no puedo ser tocado. Ya no soy una víctima de lo que me ha caído encima, aún en medio del suelo quebrado, del cielo enfurecido y el mar evaporado, sé que este instante es mío. Este instante lo pasaré amando.