Desde Chile mantendremos plena coherencia con nuestros principios y valores.
Esto no se trata de apoyar ni justificar dictaduras —Chile no lo hace—, sino de quién decide y con qué legitimidad sobre el futuro de un país. Hoy es Venezuela, con la excusa del narcoterrorismo y la intención declarada de controlar sus recursos, mañana puede ser cualquier otro, con cualquier otra excusa.
La soberanía y el Derecho Internacional no son opcionales: son la base de todo orden legítimo.