Los que hemos seguido de cerca los acontecimientos de los últimos días hemos observado cómo se ha generado una tensión entre quienes defienden que la financiación pública debe ser la principal (o exclusiva) y quienes consideran que, sin un aporte privado significativo, los avances científicos difícilmente llegarían a convertirse en tratamientos tangibles para los pacientes. Esta polémica ha adquirido un claro matiz ideológico y político en redes sociales y algunos medios, centrándose precisamente en el debate público-privado. En la polarización. Sin embargo, el ejemplo de las investigaciones de Mariano Barbacid demuestra que la financiación mixta —pública para la investigación básica y privada para acelerar la traslación a la clínica— es la vía más realista y efectiva para llegar algún día a ayudar a pacientes con cáncer o con otras enfermedades graves.