Muchos comentarios sugieren que la inmigración a la Argentina se debió a las "guerras". El período que va desde la batalla de Waterloo en 1815 hasta la Gran Guerra en 1914 fue uno de los más pacíficos de la historia europea. La llamada Pax Britannica. Y el período desde la guerra franco-prusiana de 1870 hasta 1914 lo fue particularmente, al punto de que a menudo se lo conoce como la Larga Paz. 1870 también fue el año en que el Risorgimento culminó con la toma de Roma. Mientras tanto, la Tercera Guerra Carlista concluyó en 1876; es decir, antes de la federalización de Buenos Aires.
Este fue el apogeo de la primera gran ola de globalización, y mucha gente de la época pensaba que otra guerra importante era imposible debido al nivel de conectividad económica y financiera. Así lo describió Keynes:
"[C]ualquier hombre de capacidad o carácter que superara un poco el promedio, dentro de las clases media y alta, para quien la vida ofrecía, a bajo costo y con la menor molestia, comodidades, confort y amenidades más allá del alcance de los monarcas más ricos y poderosos de otras épocas. El habitante de Londres podía pedir por teléfono, mientras tomaba su té matutino en la cama, los diversos productos de toda la Tierra, en la cantidad que considerara oportuna, y esperar razonablemente su pronta entrega en la puerta de su casa; en ese mismo momento y por los mismos medios, podía arriesgar su riqueza en los recursos naturales y nuevas empresas de cualquier rincón del mundo, y participar, sin esfuerzo ni molestia alguna, de sus futuros frutos y ventajas; o podía decidir ligar la seguridad de su fortuna a la buena fe de los habitantes de cualquier municipio importante de cualquier continente que la fantasía o la información le recomendaran. Podía conseguir de inmediato, si lo deseaba, medios de transporte baratos y cómodos hacia cualquier país o clima sin pasaporte ni otra formalidad; podía mandar a su sirviente a la oficina bancaria más cercana para obtener la provisión de metales preciosos que considerara conveniente, y luego partir hacia rumbos extranjeros, sin conocer su religión, idioma o costumbres, llevando riqueza acuñada encima, y se consideraría sumamente agraviado y muy sorprendido ante la menor interferencia. Pero, lo más importante de todo, consideraba este estado de cosas como algo normal, cierto y permanente, excepto en el sentido de una mejora constante, y cualquier desviación de esto como algo aberrante, escandaloso y evitable. Los proyectos y la política del militarismo y el imperialismo, de las rivalidades raciales y culturales, de los monopolios, las restricciones y la exclusión, que harían el papel de la serpiente en este paraíso, eran poco más que los entretenimientos de su diario matutino, y parecían no ejercer casi ninguna influencia en el curso ordinario de la vida social y económica, cuya internacionalización estaba casi completa en la práctica".
Así que la idea de que la migración masiva a la Argentina en este período fue, ante todo, una huida de guerras europeas es bastante dudosa, por decir lo menos. La conscripción sí pudo haber pesado, como un costo más de permanecer en el país de origen, pero no alcanza para explicar ni la escala, ni la cronología, ni la elección específica de la Argentina como destino. (La Argentina misma adoptó el servicio militar obligatorio en diciembre de 1901 con la Ley Riccheri).
Para la víspera de la Gran Guerra, cerca del 30% de la población total del país era inmigrante. Entre los censos de 1869 y 1914, se registraron más de 5 millones de ingresos de extranjeros por Buenos Aires y la población del país aumentó de 1,8 millones a 7,9 millones. Solo desde el segundo censo de 1895, la población de la Capital Federal aumentó de 660 mil a casi 1,6 millones, y la población del país casi se duplicó.
El año pico de la gran ola de migración europea fue justo 1913, cuando llegaron más de 300.000 personas. Dos millones de personas habían llegado al país en el lapso de una década. En términos absolutos, la Argentina recibió más migrantes transatlánticos que cualquier otro país de América, salvo Estados Unidos.
Mientras tanto, para el censo de 1947, la población nacida en el extranjero casi no había cambiado respecto a lo que había sido en 1914: era apenas mayor en términos absolutos, pero ya representaba solo el 15% de la población. La población nacida en Italia y España era menor. (Dado que hubo gente entrando y saliendo, esto no dice que la inmigración bruta se haya detenido, sino simplemente que el saldo neto dejó de aumentar).
Pero incluso si aceptamos que la gente huía de Europa por las guerras sangrientas de la Belle Époque, eso no dice nada sobre por qué elegirían a la Argentina en particular. Durante la mayor parte de este período, el país recibió muchísimos más migrantes per cápita que Australia, Canadá o Estados Unidos.
Eligieron a la Argentina por motivos económicos y culturales. Medida por ingreso por habitante, era por lejos el país más rico de América Latina. Y eso se reflejaba en los salarios: para principios del siglo XX, un trabajador no calificado en la Argentina ganaba más del doble de lo que cobraba su par en España o Italia en términos de poder de compra. De hecho, para el cambio de siglo, el salario de un trabajador no calificado argentino estaba cerca del de un trabajador en Gran Bretaña.
Para los italianos, el país ofrecía mejores oportunidades de ascenso que Estados Unidos. Esto no implica que la Argentina fuera necesariamente el destino de mayor salario inmediato. De hecho, hacia 1900, los salarios no calificados en Estados Unidos eran aproximadamente 30% más altos que en la Argentina. Más bien, era un destino con mejores oportunidades de movilidad ascendente para muchos italianos y españoles, que podían aprovechar la afinidad cultural, las redes migratorias y la menor (o inexistente) barrera idiomática.
Los italianos en la Argentina tenían muchas menos probabilidades de estar empleados en ocupaciones no calificadas y más probabilidades de acceder a la propiedad que sus compatriotas en Estados Unidos. Entre los italianos con empleos de cuello blanco en Italia, solo el 12% terminó en ocupaciones no calificadas en la Argentina; en Estados Unidos, ese porcentaje fue del 36%. Entre los italianos que llegaban con ocupaciones no calificadas, el 77% logró salir de esa categoría en la Argentina, contra apenas el 42% en Estados Unidos.
En esa misma línea, en 1909 los italianos eran dueños del 38% de los establecimientos comerciales de la Capital Federal, aunque representaban apenas el 22% de la población de la ciudad.
Los que vinieron entonces no eran simplemente los sectores más desesperados de Europa. Eligieron la Argentina deliberadamente y eran, en gran medida, personas con la iniciativa y las capacidades para cruzar el Atlántico y aprovechar una economía creciendo ferozmente con escasez de mano de obra.
Entre los españoles, la selección por alfabetización fue clara: en 1914, los españoles residentes en la Argentina sabían leer y escribir en una proporción muy superior a la de la población española en España, 70% contra 52%, y entre los varones el nivel era todavía mayor: 79%, contra 63%. Entre los italianos, en cambio, la tasa de alfabetización era representativa de la población italiana en su conjunto (62%).
La población argentina, por su parte, registraba en 1914 una tasa de alfabetismo del 62% en total y del 65% entre los hombres. Para 1947, esa cifra había ascendido al 86%, y al 88% entre los varones. (El 80% de analfabetismo era la cifra correcta para 1869, no para 1914, y ni hablar de 1947).
Brasil, sobre todo São Paulo, tuvo que apoyarse desde 1888 y hasta los años treinta en pasajes subsidiados y contratos de colonato (trabajo familiar en las plantaciones, con pago monetario, vivienda y pequeñas parcelas de subsistencia) para atraer inmigrantes europeos. Por el contrario, la diferencia salarial con la Argentina era tal que millones de europeos estuvieron dispuestos a dejar sus vidas atrás y pagarse el viaje, sin depender de subsidios al pasaje ni de una garantía de empleo al llegar.
Incluso había trabajadores golondrina que cruzaban el océano para hacer temporadas agrícolas en la Argentina y luego volvían a Europa.
Pero sí, seguramente el pico migratorio de 1913 fue causado por la guerra de 1914.
Millones de personas emigraron, inexplicablemente, desde países como España e Italia a semejante infierno. ¿Capaz que los engañaron a todos de alguna manera? Y ahora, por un motivo igualmente misterioso, la gente emigra en la dirección opuesta. Todo muy raro 🤔