Hay muchas razones para debatir sobre la JEP.
La mía no nace de una ideología. Nace de las víctimas. Tengo una obra construida a partir de relatos de la Comisión de la Verdad y he visto cómo para muchas familias estos espacios han significado algo que el país les negó durante años: saber qué pasó. He visto a responsables reconocer hechos. He visto a víctimas escuchar verdades que llevaban décadas esperando.
Por eso, cuando escucho propuestas para acabar la JEP, mi pregunta no es política, es humana.
¿Qué pasará con los procesos de verdad, reconocimiento y reparación que todavía están en curso? Porque la justicia no es solo castigar. También es conocer la verdad.