Qué vigente es la fábula "EL REY DESNUDO", de Hans Christian Andersen (1837), para entender lo que pasa en EEUU en los círculos republicanos y funcionarios estadounidenses de la administración Trump. Nadie se atreve a decirle al rey que va desnudo por temor a que le digan tonto o, peor aún, que le trunquen la carrera política.
Aprietan los dientes, cierran los ojos, se hacen de la vista gorda, se tapan la cara, en secreto murmuran, se abochornan con cada declaración de Trump. Por miedo o complicidad, prefieren "nadar de muertito" y seguir la corriente que arrastra a su país a una debacle que se traducirá en la caída de su hegemonía.
Lo de Trump es una tragedia para el pueblo que votó por él, creyendo que era pacifista, outsider y que tenía como misión primaria priorizar a EEUU.
Lo de Trump es una tragedia para la imagen tan lastimada de un EEUU en el que nadie confía; con el que, si no es por coerción, nadie se solidariza, pues ha dejado de ser un socio confiable, y su apoyo al genocidio en Gaza, después de masacrar años antes a poblaciones enteras en Irak, Afganistán, Siria, Libia, y ahora Irán, lo ponen en el lado de los imperios criminales que justifican acciones para saquear la materia prima de los países periféricos.
Trump es errático, mentiroso compulsivo, es un fraude, una farsa que los republicanos se empeñan en arropar con tal de explotar su capital político. Es un rey que va desnudo, pero nadie se lo dice.
La fábula de Hans Christian Andersen de 1837, el Rey Desnudo, repito, es la que mejor describe este escenario estadounidense. El rey vanidoso engañado por estafadores (Netanyahu) que simulan tejer un traje "invisible" para los tontos lo capturan. Por orgullo y miedo, el rey (Trump) y su corte (los republicanos) fingen ver el vestido. Por lo tanto, él desfila desnudo sin que alguien se atreva decírselo, pues le han dicho que su vestido (el que sólo "los tontos no pueden ver") es muy costoso, pero muy valioso para gente digna de portarlo. Camina desnudo con "su traje valioso" hasta que un niño le grita la verdad: el rey va desnudo.
Desde afuera lo sabemos, de lejos lo vemos, se conoce internamente, se platica en corto. Trágicamente, su círculo cercano no se atreve a decirle que va desnudo. Que lo han estafado... Un tipo que no respeta su propia Constitución, que ignora sentencias de sus tribunales, que obstruye al congreso de su propio país, hace lo mismo con las leyes internacionales. Eso garantiza la activación de un sistema en el que impera la ley de la selva: el camino seguro al caos.
Lo de Irán parece que lo está regresando a la realidad que se ha negado a ver. Mientras tanto, en su país ya se dieron cuenta. ¿Ahora cómo le dicen que va desnudo?