Ayer, en el streaming de
@WestCOL, dijo varias veces que lo que él hacía era orgánico, natural y, sobre todo, que no existía plata de por medio. Vamos a creerle, pero no sin antes preguntarle: ¿quién pagó los vuelos privados en los que se movió?
Ayer, el histriónico Abelardo demostró ser un cuentero sin límites, un misógino sin pudor, que puso a niñas de 15 años a bailar con adultos en uno de los actos más asqueantes de un candidato que ya de por sí produce rechazo.
La pregunta queda sobre la mesa y esperamos que la responda.