ALFREDO STREET VS. JOSÉ MIGUEL PINEDA
El duelo que nunca vimos en Series Nacionales.
Sábado 11 de marzo de 1961. La noche en el Parque Rafael Conte cargaba esa pesadez eléctrica de los grandes duelos de la Liga de Quivicán.
En las páginas del diario Hoy, el titular apuraba la expectativa: "Alfredo Street vs. José A. Pineda hoy". A pesar del gazapo en la inicial de su nombre —que la propia nota corregía líneas más abajo—, la afición sabía perfectamente que se trataba de José Miguel Pineda.
Por aquel entonces, Pineda era un zurdito de condiciones descomunales y la joya más preciada del equipo del Parque Martí, dirigido por Clemente "Sungo" Carreras. Esa noche, salía a contener al Rayonitro. Al frente, defendiendo el liderato de la Liga de Quivicán por apenas medio juego de ventaja, esperaba su as, Alfredo Street. Era un choque de trenes del amateurismo.
Apenas un mes después, en abril, aquellos dos lanzadores compartían el mismo uniforme en Costa Rica, llevando a Cuba a lo más alto del Campeonato Mundial Amateur. Pineda, con solo 19 años, firmó una gesta de leyenda: efectividad de 0.50 y el juego decisivo frente a México en el bolsillo. Aquella exhibición de talento puro encandiló a los scouts de las Grandes Ligas.
Pineda firmó su ingreso al profesionalismo, emulando los pasos de sus compañeros Bert Campaneris y Rigoberto "Tito" Fuentes. El futuro estaba ahí, al alcance de la mano.
Pero el panorama en la Isla estaba cambiando de forma irreversible. Tras un breve regreso para cuidar una molestia en el brazo, una losa ideológica sepultó sus aspiraciones de por vida. El 19 de noviembre de 1961, durante la clausura de la primera plenaria del INDER, Castro anunciaba ante los micrófonos la sepultura del profesionalismo. Sin derecho a réplica, con la frialdad de un plumazo burocrático, se decretó la muerte deportiva para todo aquel que hubiese osado rozar el béisbol (o deporte) profesional. A los 20 años, la dictadura le confiscó el brazo y la juventud al prospecto del pitcheo más brillante del país, condenándolo a no poder pisar más un terreno de pelota como atleta.
Pineda tuvo que mudar su genio al banquillo y refugiarse en la estrategia y la formación de peloteros, emergiendo años más tarde como uno de los mánagers más respetados y ganadores de nuestra pelota al mando de Industriales, Granjeros, Vegueros, Habana, entre otros.
Por su parte, Alfredo Street continuó y esculpió su nombre en las Series Nacionales, pero al público cubano se le privó de disfrutar de la secuela de aquella noche del Rafael Conte en los nuevos clásicos locales.