Stallone le pidió a Dolph Lundgren que dejara de fingir. Casi no lo cuenta.
Era 1985. Rocky IV estaba en producción en Canadá y Stallone, que dirigía además de protagonizar, sentía que la pelea final se veía demasiado controlada. Demasiado coreografiada. Quería que pareciera real. Le dijo a Lundgren, experto en artes marciales y con más de 100 kilos de músculo, que golpeara su cuerpo con verdadera fuerza.
Lundgren obedeció.
Stallone recibió un impacto en el pecho y siguió rodando. Horas después empezó a sentir dificultad para respirar. La presión arterial subió de forma alarmante. Lo trasladaron en avión desde Canadá a un hospital de California, donde ingresó directamente en cuidados intensivos.
El golpe había provocado una inflamación alrededor del corazón. Los médicos lo compararon con el traumatismo que sufre alguien al golpearse el pecho contra el volante en un accidente de coche. Stallone reconoció años después que llegó a pensar que no saldría del hospital.
Lundgren no supo lo que había pasado hasta que un productor le llamó para decirle que tenía varios días libres. Él también había recibido golpes. Había seguido las instrucciones de quien era simultáneamente su compañero, su director y su jefe.
Stallone estuvo entre cuatro y nueve días hospitalizado según distintas versiones. Cuando volvió al rodaje, parte del material de aquellos intercambios reales quedó en la película.
El combate que se ve en Rocky IV no es del todo ficción. La intensidad que transmite tiene, literalmente, un coste médico detrás.