✝️ Llamativo que la crítica al Papa sea: «Ha venido a decirle al poder político lo que hacer». Algunas reflexiones.
Primero, España es un Estado aconfesional, no laico. Ello implica que no haya un culto oficial, pero explica que existan relaciones institucionales con la Iglesia católica y que la presencia pública de autoridades religiosas no sea, en sí misma, una anomalía (de hecho, es la fe mayoritaria).
Segundo, es el Papa. Tiene una labor pastoral, de prédica moral, y expone unos principios que a nadie podían sorprender: son conocidos desde hace dos mil años. Además, fue invitado precisamente para expresarlos.
Tercero, España es un caso claro de secularización legislativa. Hace casi dos décadas que no se legisla conforme a lo que diga la Iglesia —algo que nos hace bastante singulares en comparación con otros países— y, cuando se ha intentado revertir alguna ley apelando a principios religiosos, la reacción social ha sido notable.
Cuarto, todos han intentado sacar tajada de su discurso para reafirmarse. Precisamente por eso, nadie ha conseguido apropiárselo por completo.
Quinto, si el Papa —un líder religioso— genera más respeto que el diputado medio, conviene preguntarse por qué. En su oposición al aborto y en su crítica al rearme europeo no estoy de acuerdo, pero le escucho con más interés que a la mayoría de políticos. Y sospecho que más gente piensa igual.
En definitiva: los poderes electivos no atraviesan su mejor momento. La confianza en ellos está bajo mínimos y mucha gente busca referencias en otras figuras, religiosas o no. Por qué será que nuestra clase política está tan denostada.