No llegaron cuatro
Esta semana inició un nuevo ciclo académico en la Universidad Autónoma de Querétaro. Después del periodo vacacional de verano, más de 33 mil estudiantes y alrededor de tres mil docentes retornaron a las aulas. Sin embargo, en ese total nos faltaron cuatro: dos estudiantes y dos docentes.
Los estudiantes que esta semana se toparon con las puertas de las aulas cerradas son Iyari Kitze y Diego Iván, dos jóvenes con excelentes calificaciones a punto de iniciar el último año en su formación profesional como licenciados en Psicología en el área Clínica.
Esos estudiantes fueron sorprendidos el pasado mes de mayo, de madrugada, intentando restaurar las pintas hechas en el paro por los mismos integrantes de la comunidad estudiantil, en uno de los edificios de la Facultad de Psicología y Educación. Después de haber sido perseguidos, detenidos ilegalmente y ser severamente golpeados por elementos de Seguridad Universitaria, fuera de los espacios universitarios, se les aplicó, a cada uno, lo que considero es una severa e injusta suspensión provisional de hasta por un año en sus derechos académicos.
Todo indica que los elementos de Seguridad Universitaria que agredieron a los estudiantes no han sido tocados ni con el pétalo de una rosa. Tampoco ha sido sancionada la autoridad universitaria que ordenó esa bárbara agresión, indigna de todo universitario. Fue tal el nivel de violencia física ejercida en contra de los estudiantes, que al día de hoy uno de ellos aún tiene que sostenerse en muletas para poder caminar.
Hay elementos para sostener que la suspensión provisional de derechos académicos a los dos estudiantes, hasta por un año, no sólo es una sanción severa, injusta e ilegal porque todo indica que se aplicó sin el debido proceso y sin ser escuchados. Dicha suspensión no sólo violenta sus derechos constitucionales, sino que también les afecta en su formación profesional: al no poderse inscribir ni asistir a clases, perderán, independientemente de la sanción que la Comisión de Honor y Justicia les imponga, un año en su vida académica. Esa medida punitiva representa la negación de nuestra misión educativa como Universidad Pública, pues resulta evidente que no es así como se educa para la libertad, el respeto a la dignidad de las personas, el pensamiento crítico, el honor y la verdad. No, por lo menos desde hace doscientos años, según las modernas teorías pedagógicas.
Este lunes Iyari Kitze y Diego Aldana no pudieron ingresar a las aulas universitarias porque alguien decidió que para ellos no aplica nuestro lema de educar en el honor y la verdad. Sus asientos quedaron vacíos.
Los docentes que en este inicio de actividades académicas no llegaron a los recintos universitarios son Eduardo Olvera Rodríguez e Isaí Soto García. Quienes les conocen dan cuenta de su excelencia académica, de su claro compromiso con la comunidad estudiantil, de su pensamiento crítico y de su valía humana.
A Eduardo Olvera lo corrieron de la Universidad después de cinco años de arduo trabajo en el aula, en el cubículo y en CESECO (eufemísticamente habrá quien diga: “no lo corrieron, simplemente no le renovaron su contrato”). El docente cometió, según se desprende de los hechos que han sido denunciados públicamente, dos “gravísimos” delitos: uno, haber tenido la “osadía” de querer presentar una propuesta de trabajo académico como parte de una planilla en el pasado proceso electoral (cuyos integrantes pensaron, erróneamente, que en esa Facultad aún existía libertad para hablar, proponer, pensar, debatir y trabajar); y dos, por no guardar silencio ante el brutal y violento acoso laboral de que fue objeto, acoso que el propio docente denunció en sus redes sociales. Por tales hechos, el docente no estuvo presente ni en su cubículo, ni en las aulas.
El segundo docente, cuya lamentable ausencia se dejó sentir en los espacios universitarios en este inicio de semestre, es Isaí Soto García, una de las mentes más brillantes, entusiastas, creativas y respetadas por su comunidad que yo conozco. Era, me parece, uno de los académicos más brillantes, activos, en la Facultad de Psicología y Educación; por su juventud, auguraba una labor extraordinaria en la formación de nuevos profesionales de la psicología en la UAQ. ¿Por qué no llegó? Porque el docente decidió renunciar a la UAQ, en protesta por los graves acontecimientos que en su Facultad están sucediendo en contra de estudiantes y docentes.
Hoy me entero de una renuncia más: la de la maestra Carmen Cuellar Zavala, jubilada, uno de los grandes referentes del psicoanálisis no solo en la UAQ, sino en México. Ella anunció, ayer, su renuncia a continuar participando en uno de los diplomados en los que desde hace varios años impartía cursos, en protesta por los acontecimientos señalados y en solidaridad con los estudiantes y el docente que han sido objeto de una terrible violencia física, psicológica, laboral y académica por parte de algunas autoridades universitarias.
No concibo a ninguna Facultad ni a ninguna Universidad que deje ir a sus mejores docentes y expulse a sus estudiantes, unos y otros los más brillantes y comprometidos, anteponiendo en ello una vergonzosa e inmoral ambición de poder … y de control.
Por lo que se puede apreciar en el documento que adjunto en este post, el que enumera cinco puntos (documento que tomé de las redes sociales, donde está circulando), las graves violaciones a los derechos de estudiantes, docentes y personal administrativo en la Facultad de Psicología y Educación no terminan con los casos señalados.
Tan grave como los hechos denunciados me parece el silencio de quienes por temor o complicidad al interior de la UAQ prefieren mirar hacia otro lado. En todo caso, habría que cambiar los nombres de algunos espacios: todo lo que lleve el nombre del distinguido poeta y humanista Hugo Gutiérrez Vega se llame, ahora, Gustavo Díaz Ordaz. Así, por lo menos habrá congruencia.
La degradación de la vida académica y política en la UAQ es muy grave. Todo indica que la actual administración continuará por la misma ruta que inició la anterior y eso es terrible.
Somos una Universidad Pública y los hechos que suceden en nuestra Institución tienen que ser del conocimiento público. La sociedad queretana debe saber, que, en este inicio de actividades académicas, dos estudiantes y dos docentes no llegaron a la UAQ, por el ambiente de represión que se padece en una de sus facultades.