Leí la historia de una madre que perdió a sus 2 hijos por culpa de la PAZ TOTAL.
“Me quitaron a mis dos hijos por la fuerza. Lloré, me aferré a ellos, pero me golpearon con una pistola y me los llevaron para siempre”.
Desesperada, acudió al Ejército.
Una y otra vez recibió la misma respuesta:
—No podemos hacer nada. Ellos están en diálogos con el Gobierno Nacional.
La mujer no entendía.
—Pero se acaban de llevar a mis hijos. Tienen apenas 16 años. Son menores de edad. ¿Cómo es posible que no puedan hacer nada?
Y los militares respondían:
—Lo sabemos, señora. Sabemos que es injusto. Pero esas personas están en un proceso de paz.
Entonces ella hizo una pregunta que debería estremecer a cualquier colombiano:
—Si están en diálogos de paz, ¿por qué siguen reclutando? Si ustedes tienen que detenerse, ¿por qué ellos pueden seguir secuestrando, matando y aterrorizando a las comunidades?
El uniformado bajó la mirada.
—Lo sé, señora. Pero el Gobierno insiste en que hay otras maneras de solucionar el conflicto.
Y ella, entre lágrimas, respondió:
—Entonces ellos sí pueden seguir haciendo la guerra, pero quienes juraron defender a los colombianos tienen que quedarse de brazos cruzados esperando a que nos maten.
—¿Perdieron el valor, la valentía y la gallardía para defender el país, a sus ciudadanos y su territorio?
El militar solo respondió:
—Sí, lastimosamente.
Y desde ese día, aquella madre comprendió que para algunos, la paz consiste en que unos entreguen las armas… mientras los otros entregan a sus hijos.