🇵🇸 La hipocresía del mundo ante el sufrimiento palestino, libanés e iraní es repugnante.
Un atleta palestino como Moazaz Obayat sale de las prisiones israelíes irreconocible.
Antes fuerte, atlético y lleno de vida… ahora destruido físicamente tras meses de tortura, palizas y humillaciones.
Su caso no es aislado: es uno de miles que denuncian condiciones inhumanas, agresiones sistemáticas y violaciones graves.Mientras tanto, Palestina sigue siendo arrasada, Líbano sufre bombardeos constantes y el pueblo iraní resiste sanciones, amenazas y agresiones directas.
El mundo occidental, liderado por EE.UU., sigue armando, financiando y protegiendo esta maquinaria de opresión mientras habla de “derechos humanos” y “democracia”.
El silencio cómplice es ensordecedor. Los mismos que se indignan en horas por otros conflictos, cierran los ojos, censuran y justifican años de ocupación, destrucción y sufrimiento de pueblos enteros que solo defienden su tierra y su dignidad.
No hay neutralidad posible ante la injusticia.
No se puede hablar de paz mientras se financia la muerte y la tortura.
El verdadero rostro de esta era es este: un deportista palestino torturado hasta quedar irreconocible, mientras los poderosos miran para otro lado y continúan sus negocios.
¿Hasta cuándo seguiremos siendo espectadores cómplices?