Una química del IMSS tuvo que salir a dar la cara frente a los pacientes para explicarles que en el hospital no hay material suficiente para realizar estudios.
La trabajadora, identificada como Marisol, explicó que llevan más de dos meses con desabasto y que ese día no contaban ni siquiera con tubos morados, necesarios para ciertos análisis.
“Les comento para que no piensen que soy yo la que no los quiere atender o que los trabajadores les estamos negando su derecho a la atención sobre la salud”, dijo frente a los pacientes.
También aclaró que, si alguien podía y quería comprar el material por su cuenta, era una opción para poder realizar el estudio en ese momento, aunque nadie estaba obligado.
Lo más fuerte es que, mientras los pacientes se desesperan por la falta de insumos, quienes terminan recibiendo los reclamos son los trabajadores.
“Los que damos la cara somos nosotros como trabajadores y a mí es a la que me toca la maltratada”, expresó.
El problema no es menor: cuando un hospital no tiene material básico, el derecho a la salud queda en pausa.
Y mientras arriba se habla de sistemas funcionando, abajo los pacientes esperan, los trabajadores improvisan y la atención médica depende de si hay o no hay un simple tubo.