Hace apenas unos años, hablar de una Ley Nuclear en Colombia parecía una posibilidad lejana. Hoy es una realidad.
El Congreso colombiano ha aprobado por unanimidad una ley que impulsa el uso pacífico de la tecnología nuclear y sienta las bases para crear una Agencia Nacional de Seguridad Nuclear, reforzar la disponibilidad de radiofármacos, promover la investigación y las aplicaciones nucleares en ámbitos como la salud, la agricultura, la industria y la protección del medio ambiente, además de dotar al país del marco regulatorio e institucional necesario para la futura construcción y operación de centrales nucleares destinadas a la producción de electricidad.
Miles de pacientes podrán beneficiarse de un mejor acceso a tecnologías médicas esenciales, mientras el país fortalece sus capacidades científicas y tecnológicas en un campo estratégico para su desarrollo.
La tecnología nuclear forma parte de nuestra vida mucho más de lo que solemos imaginar. Está presente en los hospitales que diagnostican y tratan enfermedades, en las técnicas que ayudan a proteger cultivos y alimentos, y en los centros de investigación donde se desarrollan conocimientos y herramientas que mejoran la calidad de vida de millones de personas.
Colombia se incorpora así al creciente grupo de países que han decidido apostar por el conocimiento, la ciencia y la tecnología nuclear como herramientas de progreso y desarrollo.
Mi enhorabuena a todas las personas e instituciones que han hecho posible este avance histórico.
La imagen que acompaña esta publicación es una versión colombiana de la portada de mi libro, realizada por Yenny Rodríguez, que hoy adquiere un significado muy especial.