… y de pronto, un acto crudo te detiene: Diego Duarte defeca en la banqueta. Como decía Nietzsche, “lo que se hace por necesidad no es nunca vil”, pero ¿es esto necesidad o rebeldía? La banqueta, un espacio público, es como la caverna de Platón: un escenario de sombras donde creemos ver orden, pero este acto revela la verdad oculta de lo humano. Sartre diría que es libertad radical, una elección que desafía la mirada del otro. Pero también, como en el contrato social de Rousseau, es una ruptura del pacto colectivo. ¿Condenamos o comprendemos? Este acto, sucio y real, es un espejo de nuestra propia existencia.