El 14 de junio de 1982 no marcó el fin de nada, sino el principio de nuestra eterna vigilia. Quienes pretenden instalar el relato de la derrota y el olvido no entienden la fibra de la que está hecho el soldado argentino.
Hace 44 años, nuestras Fuerzas Armadas no se entregaron ante el invasor. Cesaron el fuego con la frente alta, tras haber enfrentado al imperio británico y a sus aliados en una de las mayores gestas de nuestra historia. Lucharon con coraje, defendiendo cada posición hasta agotar el último cartucho y dejando la vida por el pabellón nacional.
A partir de ese día, comenzó la otra guerra. La de la desmalvinización, el silencio impuesto y la incomprensión de sectores que intentaron esconder a nuestros héroes. Pero el pueblo argentino no olvida. El Atlántico Sur es, fue y será nuestro suelo estratégico, la proyección a nuestra Antártida y el altar donde descansan nuestros centinelas.
Nuestra soberanía no se negocia ni se entrega a intereses extracontinentales. La discusión es entre Estados, y los usurpadores lo saben. Hoy más que nunca, abrazo con orgullo patriótico a los veteranos y a los familiares de nuestros héroes caídos.
A 44 años de la última resistencia, la causa Malvinas es un mandato histórico irrenunciable. Es la única causa nacional que nos une a todos los argentinos sin diferencia de religión, origen social o ideología.
Volveremos.
¡Honor y gloria eterna a nuestros héroes de Malvinas!