Henry Nowak, un chaval inglés de 18 años, fue apuñalado por un inmigrante.
Cuando llegó la policía, los agresores se pusieron a llorar y a mentir: que el chico les había atacado por racismo. Los agentes ni le miraron las heridas, lo esposaron directamente. El chaval repetía nueve veces “me han apuñalado”, desangrándose en el suelo, y nadie le hizo ni puto caso.
Murió esposado, pidiendo ayuda, con toda la vida por delante.
Al asesino y a su familia ya los están investigando porque no solo lo mataron: se cubrieron entre ellos mintiendo sobre lo ocurrido.
Y lo más asqueroso: una buena parte de la comunidad inmigrante salió en masa a defender al criminal, incluso cuando ya se demostró que todo era mentira.
Te matan, mienten, hacen memes con tu cadáver y se protegen entre ellos.
Ni olvido. Ni perdón.
Remigración total.