Yo no sé si Rubén Rocha Moya es narcotraficante. Tampoco si lo son los demás imputados. Que se defiendan ellos solitos.
Lo que sí es imposible ignorar es otra cosa: la justicia de EE.UU., envuelta en la narrativa de la “guerra contra las drogas”, opera en América Latina como brazo de política exterior. La más intervencionista que se recuerde.
Un botón de muestra: Juan Orlando Hernández—expresidente hondureño, detenido (2022), extraditado, juzgado en Nueva York y declarado culpable. Condenado a 45 años en prisión. (2024).
Dos días antes de la elección en Honduras, en diciembre de 2025, Donald Trump lo indulta. Hoy está libre. Su grupo político ganó.
¿De verdad alguien cree que esto se trata, sin más, de combatir las drogas?