Tuve la inmensa suerte de ser dirigido por Adolfo Aristarain dos veces. En "Martín H" primero y años después en "Roma". Antes de conocerlo había admirado su cine, "Tiempo de Revancha" y sobre todo "Un lugar en el mundo" son dos de mis películas favoritas.
Ser parte de su cine ha sido siempre para mi un motivo de enorme felicidad. Es mucho lo que le debo, mucho lo que le he admirado.
Adolfo era un tipo único, inquebrantable, insobornable, íntegro, generoso y brillante. Recuerdo que días antes de empezar a rodar Martín H le pregunté qué quería contar con esa película. Adolfo movió el vaso de whisky que tenía en la mano agitando los hielos, se tomó un segundo para pensar y me dijo: "Mi película habla de que merece la pena vivir por la gente que queremos"
Jamás he olvidado su respuesta y su lección de vida. Si existiera un cielo para los ateos me gustaria imaginar que esta noche Adolfo entrará en un bar celestial para tomarse un whisky con Luppi y Poncela, gente a la que él quiso.