Mientras la clase política tradicional olvidó al Pacífico colombiano, el Gobierno del Cambio llega con hechos. Gracias a una inversión de más de $2.100 millones, las familias de esta comunidad cuentan por primera vez con energía permanente las 24 horas del día, los siete días de la semana.
La energía limpia debe ser un derecho para quienes durante décadas fueron excluidos del desarrollo. Por eso llevamos paneles solares, reducimos la dependencia del diésel, protegemos la biodiversidad y abrimos nuevas oportunidades para el turismo, la economía local y el bienestar de las comunidades.
Esta es la diferencia entre un modelo que concentró las oportunidades y otro que trabaja para cerrar brechas históricas. La transición energética tiene sentido cuando transforma vidas, fortalece los territorios y pone al Estado al servicio de la gente.
El Pacífico importa. El Chocó importa. Y seguiremos llevando inversión, dignidad y justicia energética a cada rincón de Colombia.