San Andrés recibió en 2024 más de 150 mil millones por tarjeta de turismo, 423 mil millones del Sistema General de Participaciones, 853 mil millones para salud e infraestructura y un plan de desarrollo por 2.7 billones. ¿Y qué han hecho? Nada.
Basuras, acueducto, alcantarillado, vías: todo un desastre. Gobernadores presos: Leslie Bent, Aury Guerrero, Ronald Housni, Everth Hawkins. La isla ha sido saqueada por quienes dicen defenderla.
No pensemos “pobre San Andrés”. No. San Andrés no es pobre. Ha sido mal administrada. Recibe fortunas, pero no se ve un peso en calidad de vida, infraestructura ni orden. Al turista le venden una botella de agua a 10 o 15 mil pesos. También se aprovechan.
Sí, San Andrés tiene un mar precioso, pero es el mismo mar del Caribe. El mar de los siete colores no es exclusivo. Y los verdaderos raizales fueron los indios mesquite, originarios de Nicaragua.
La corrupción en el interior es un juego de niños al lado de la corrupción en San Andrés. La isla va como el cangrejo: hacia atrás, año tras año. Parece un pueblo del viejo oeste: gobernado por unos cuantos que hacen lo que quieren, y la tienen hundida en la miseria, la desidia y la pobreza.
San Andrés sí podría ser un paraíso, pero se necesita fiscalización urgente: Contraloría, Procuraduría, DIAN. Presencia real del Estado. Y basta ya del cuento de que todo debe quedar en manos de los “raizales”. No señor. San Andrés necesita firmeza, control y ley. Porque si insisten en que solo los “raizales” pueden mandar, entonces que no reciban un peso del Estado central. Porque no tienen por qué recibir ni un peso de los impuestos de los colombianos.
La Tarjeta de Turismo de San Andrés es un caso atípico en el derecho comparado. No existe en otros países democráticos, unitarios o incluso federales, una obligación legal permanente para que un ciudadano deba pagar por entrar a otra parte de su mismo país.
Es una figura excepcional, tolerada en Colombia por razones ambientales y de orden público, pero no debería convertirse en regla ni en escudo para la impunidad.
Y si los colombianos pagamos una tarjeta de turismo para entrar a San Andrés, lo mínimo es que podamos ver en qué se invierte. Pero no lo vemos. No se ve. En San Andrés no hay progreso. Hay atraso, abandono y corrupción. La plata entra, pero se desvanece.