Ser introvertido es una mezcla rara. Nos gusta salir, pero no todo el tiempo, nos gusta conversar, pero no con cualquiera, disfrutamos la compañía, aunque también necesitamos nuestros ratos a solas.
La charla superficial nos cansa, pero una conversación nos puede durar horas. Podemos ser muy abiertos… pero solo con quienes nos sentimos seguros. La gente nos parece increíble y al mismo tiempo agotadora.