Soy incapaz de entender por qué a esta hora, la directora general de la Guardia Civil no está ya detenida.
Y lo que más me llama la atención de esas notas no es lo que dicen, sino hasta dónde llegaron.
Porque el informe reconstruye la cadena de mando con los correos a la vista.
El 6 de mayo, el jefe de la UCO le pasa la nota a su superior, el jefe de Policía Judicial.
Ese mismo día, el jefe de Policía Judicial le escribe al DAO, el número dos de toda la Guardia Civil, para adelantarle que hay “una posible campaña de desprestigio hacia la UCO”.
Con su correo, su fecha y su asunto.
El 8 de mayo se reúnen los dos. El jefe de Policía Judicial le plantea subir el asunto a la Directora General.
¿Y qué le contesta el DAO? Que la Directora “ya tenía conocimiento”.
Y le entrega la otra nota, la de Información, de una semana antes.
Resumiendo: el aviso de que estaban intentando reventar a la UCO subió escalón a escalón hasta el número dos del cuerpo.
Y aquí, ojo, el propio informe lo da por evidenciado: la número uno ya conocía esa campaña, al menos desde ese 8 de mayo.