Pues yo, como agnóstico y ex ateo, creo que un filósofo debería ser creyente, y un profesor de filosofía más. O al menos, que es más inteligente creer que negar: más inteligente el que cree que hay una causa que el que la niega. Y lo voy a desarrollar, porque es una conversación que tuve hace poco con un buen amigo y aprovecho para ordenar mis propias conclusiones al hilo del debate que ha provocado el gran Ernesto Castro.
Aviso: yo no soy físico ni filósofo. No busquen en mí escuelas de pensamiento ni lecturas profundas, porque no las van a encontrar. Yo no he leído a Leibniz, ni a Plantinga, ni a Heidegger. Estas ideas las he formado a partir de lo poco que he leído sobre astrofísica y metafísica, así que que nadie me tome como referente de nada: es solo la opinión densa de un tipo iletrado dándole vueltas a algo. Eso sí, muy friki: el día de mi boda mi discurso iba sobre el universo comportándose como un pulso y el transcurrir del tiempo. Así que ya saben a qué clase de perturbado están leyendo. Dicho esto, empecemos.
Primero, todo lo que existe, hasta donde la experiencia humana ha podido observar, tiene una causa. Todo. Cada cosa, cada proceso, cada porción de materia o de energía remite a algo que la produjo o la sostiene. Es una propiedad de todo cuanto existe, tan constante que sobre ella se levanta la ciencia entera. Causa efecto. Causalidad.
Por eso, si pienso en ese primer estado en que la energía estaba en condiciones de densidad y temperatura extremas, y a partir del cual se despliegan el universo y el tiempo, no veo razón para suspender de golpe la única regla que se cumple siempre. La causalidad. Ese origen, también tiene que tener una causa, porque tener causa es propiedad de todo lo que hay en este universo, y ese primer instante, por contener concentrado todo lo que después se despliega, ya es este universo, por tanto entra dentro de la regla y tiene que tener causa.
Solemos imaginar la causa como un "antes" que empuja a un "después". Pero esa es solo la forma en que la causalidad se nos aparece dentro del tiempo. Sin embargo, en ese instante primigenio el tiempo (que probablemente sea una emergencia como la gravedad) todavía no existía, así que la causa de ese origen no puede ser anterior en el tiempo: tiene que existir sin relación con el tiempo mismo. Como el suelo respecto a la mesa: no la empuja para crearla, pero sin el suelo la mesa no se sostiene, no tendría sentido.
Aquí podemos sacar una primera conclusión lógica: todo lo que existe, materia y energía, tiene causa, el origen del universo parte de un punto con materia y energía conentrada, luego también es algo que existe, luego tiene causa. Y esa causa, como el tiempo nace ahí mismo, no es un "antes" sino un sostén: está fuera del tiempo y es algo de lo que el universo depende para existir, igual que la mesa depende del suelo.
¿Es posible negar esto? Claro, pero obligaría a sostener lo contrario: que hubo materia y energía sin causa, que simplemente estaba. No se puede decir que apareciera, porque ese verbo tiene relación con el tiempo y aquí aún no había tiempo. Para que no exista una causa que cree el universo, esa materia y esa energía deberían estar ahí sin nada que las produjera, sin razón ni origen. Y eso es lo que me resulta inaceptable desde mi propia razón, porque en ningún lugar, en ninguna circunstancia, hemos visto a la materia macroscópica comportarse así. Toda la materia que conocemos procede de algo. Afirmar que esa primera materia no tiene causa es inventar para esa primera materia una excepción única, hecha a medida para encajar con nuestros pensamientos. Me parece más honesto seguir la regla de la causalidad hasta el final que romperla justo al principio para que encaje nuestro ateísmo militante.
Justo aquí alguien va a pensar: pero la materia es energía concentrada, y la energía ni se crea ni se destruye, luego siempre estuvo ahí, luego es eterna, luego no necesita causa.
Vale, esa es la ley de la conservación, y describe cómo se transforma la energía que ya existe, no de dónde salió el conjunto. Y si esa energía "siempre estuvo", su eternidad sería una eternidad dentro del tiempo, un pasado infinito. Pero un pasado infinito tiene un problema lógico: si antes de este instante tuvo que transcurrir una cantidad infinita de tiempo, jamás se habría llegado hasta aquí, porque no se termina de recorrer lo que no tiene principio. Nunca llegaríamos al ahora. Así que la energía no puede llevar ahí desde siempre. Por tanto no es eterna, y si no es eterna empezó. Y si empezó, volvemos al mismo punto: tiene causa.
Y si pensamos más en esto. Esa causa no puede estar dentro de nuestro universo, porque no hay nada anterior dentro; tiene que estar fuera. Y como dijimos antes, como el tiempo empieza ahí, no puede ser una causa en el tiempo: es una causa que no necesita un "antes". Tiene que estar necesariamente fuera del universo, y por tanto del tiempo, porque si estuviera dentro necesitaría a su vez causa. Todo lo que hay en este universo tiene causa.
Por tanto, segunda conclusión lógica: si todo lo que está dentro del universo tiene causa, y el origen no puede tener su causa dentro, entonces esa causa tiene que estar fuera. Antes concluimos que la causa está fuera del tiempo; ahora concluimos que está fuera del universo mismo. Y ahí, fuera, ya no rigen nuestras reglas: la causalidad es de aquí dentro. Por eso preguntar "¿y qué causó a esa causa?" no tiene sentido, porque esa pregunta solo funciona dentro del universo, donde el tiempo y la causa van de la mano.
Yo no sé qué es esa causa. No voy a decir si es una conciencia, una ley, otra realidad que no comprendo. Una brana llena que choca con otra brana vacía, un dios programador. No lo sé, no tengo ni la más remota idea. Pero la materia y la energía necesitan una causa, siempre, y la primera, la del primer instante, también. Esa materia existe por algo, porque lo contrario es concederle a la materia el privilegio, jamás observado, de existir porque sí atemporalmente.
Si a esa causa primera, de la que todo depende, decidimos llamarla Dios, entonces afirmar a Dios no es el salto de fe ni algo irracional. El salto de fe es el contrario: el de la materia mágica que simplemente está, sin ninguna causa.
Yo no sé qué hay en el origen. Pero mi intuición, partiendo solo de lo que la experiencia muestra sin una sola excepción, me dice que es más razonable pensar que algo es causa de todo esto que pensar que hay materia sin causa. Que un filósofo llegue ahí no lo hace peor filósofo, a mi juicio. Lo hace, si acaso, más consecuente con lo que la razón muestra.
Cuando yo era niño, quien decía que había vida fuera de la Tierra era el pirado del papel de plata en la cabeza, el Iker Jiménez en Milenio 3 o el Jiménez del Oso en Más allá para los más mayores; hoy sin embargo la idea se toma en serio, no porque se haya demostrado, sino porque pensarlo dejó de parecer ridículo. Yo creo que con esto pasará algo similar, que dejará de tratarse como una credulidad impropia de gente inteligente, y volverá a ser una posición intelectualmente respetable. Los católicos dirán que esa causa es Dios. Los agnósticos, como yo, dirán que no saben qué es ni qué hay en el origen, pero que negar que haya causa me parece hoy menos razonable que afirmarla.
Y dicho todo esto, como no soy experto, y me siento un impostor hablando de algo que no he estudiado en profundidad, concluiré diciendo que no me hagan ustedes ningún caso, que el universo es mucho más extraño e intuitivamente ilógico de lo que nuestro sentido común puede procesar. Y que el Rey es mi padre, vivís en Matrix y estáis utilizando mi estirpe como ganado ":^)
Un saludo para todos, y mis disculpas para
@Oliver_2024_ por haberlo usado de excusa para esto.