Lo más impresionante del Mundial en Estados Unidos es que no tuvieron que hacer prácticamente nada para recibirlo.
Catar levantó estadios desde cero, construyó un metro completo, rediseñó carreteras, hoteles y barrios enteros, inclusive cuando terminó el evento dijeron que iban a regalar un estadio porque les sobraba.
Sudáfrica tuvo que erigir estadios nuevos, estacionamientos y obras masivas, fue una inversión multi millonaria que abarcó parte de su PBI.
Brasil quemó miles de millones en infraestructura y terminó con un presidente preso por corrupción (Lula), al final todavía estaban las obras cuando comenzó el evento.
Rusia remodeló medio país para estar a la altura, y aún así se veían las deficiencias de infraestructura como de transporte y otros.
¿Y Estados Unidos?
Cambió el césped en algunos estadios. Punto. Nada más. Nada de megaproyectos, nada de obras faraónicas, nada de “reinventar” ciudades.
Y esto pasa porque cuando ya tienes infraestructura de primer mundo, el Mundial no es un problema sino que es un trámite.