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ββ Franz estΓ‘ bien.
Le entregΓ³ esa confianza al tiempo que la volvΓa a mirar para percibir la duda en su expresiΓ³n ante sus convicciones.
No le sorprendΓa.
Ella no podΓa ver la verdad de las palabras tan bien como Γ©l, por lo que no le quedaba mΓ‘s que ver sus
βentrecerrΓ³ los ojos, dudando de sus palabras. No tenΓa intenciΓ³n tampoco de preguntar por Γ©l, siempre que cumpliera su palabra. En algo estaban de acuerdo; Mai se merecΓa esas proposicionesβ.
ΒΏY puedo preguntar cuΓ‘l es tu pasatiempo, seΓ±or letrado?
βse preguntΓ³ si se decΓa