Nos hiciste reír con tu ingenio y eso se agradece de todo corazón, porque una risa distrae hasta de los peores momentos, los hace menos grises.
En marea alta, con una risa, las aguas ya no parecen azotar tanto. Y solo alguien acostumbrado a navegar de esa manera sabe como darle a otros esa sensación de alivio aunque sean unos segundos.
Además, lograste salir de ese pozo que te consumía, y ahora puedes, total y dignamente, descansar en paz.
Lo que más me entristece que ya no haya posibilidad de conocerte algún día... o quizás sí, quien sabe...
Hasta siempre, Gaspi.