Buen diagnóstico y proyección de lo que viene . Un saludo Alejandro
La presidencia de Abelardo de la Espriella
Salvo algo extraordinario, Colombia tendrá el próximo domingo un nuevo presidente electo y, Abelardo de la Espriella, conducirá desde agosto un gobierno que enfrentará condiciones difíciles.
Si esta nota tuviera un editor adaptado a los incentivos modernos diría: “Hombre, escriba mejor el gobierno más difícil de la historia que eso captura mejor la atención”. Pero toca resistirse a esos trucos, así sea uno la última minoría en la civilización del espectáculo que llamaba Vargas Llosa. Porque somos minoría, pero toca seguir resistiendo, ya vendrán los tiempos en los que la serenidad, la decencia y la moderación en el fondo y en las formas serán tendencia. Y si no vienen esos tiempos, nos quedará el consuelo de haber perdido las elecciones pero de no habernos perdido a nosotros mismos. Qué pesadilla es perderse a uno mismo en una disputa, esa sí es la peor derrota.
Entonces lo correcto es decir: el gobierno de De la Espriella enfrentará unas condiciones difíciles, pero no las más difíciles de la historia, ni cerca. Por varias razones, la primera de ellas es que el gobierno de Petro fue malo pero pudo haber sido peor. El gobierno de Petro tuvo, además, cosas buenas, la mayoría de ellas simbólicas. Y qué importante que son los símbolos en la construcción de una sociedad. La narrativa de Petro trajo al centro de la discusión nacional poblaciones y regiones olvidadas, les dio visibilidad y protagonismo por momentos. Eso fue importante, pero pudo haber sido mejor. El ejemplo evidente de lo bueno y, al mismo tiempo, lo corto que resulta quedarse en discursos: la vicepresidencia de Francia Márquez. Qué gran momento el de la historia colombiana el de haber tenido una mujer humilde, afrocolombiana, trabajadora, luchadora tan cerca de la presidencia. Y, al mismo tiempo decía, tan lejos porque no la dejaron, o no quiso, hacer casi nada relevante. Flaquísimo legado queda su paso por tamaño espacio de poder. Así con tantos otros ejemplos, ideas y delirios en el papel o en trinos, no mucho más.
Por sus condiciones personales, Petro pudo ser un senador destacado, y por esas mismas condiciones fue un pésimo administrador público. La narrativa, aunque poderosa, termina siendo poco si no hay consistencia y coherencia en la conducción y Petro parece incapaz de conducir un equipo. En estos días hablaba con un simpatizante de Petro y le pedí que me dijera el nombre de 5 ministros del gabinete actual y una política pública de esos 5 ministerios. Solo sabía el nombre de dos ministros y tres políticas que, además, no eran eso sino propuestas de reformas que no pasaron. El caos del gabinete de Petro, ese sí, pasará a la historia como el desorden más grande la historia del país. La pelea a cuchillo limpio que hemos visto entre funcionarios que se acusan de los peores crímenes entre ellos mientras Petro tuitea y tuitea, será por siempre un recuerdo lamentable.
Ahora, este país ha avanzado en casi todos los indicadores en este siglo. Jamás podrá compararse entonces lo que hereda Abelardo con lo que recibieron César Gaviria o Alvaro Uribe para no ir muy lejos.
Abelardo será presidente y el primer problema que enfrentará es uno común en la política moderna: para ganar, tuvo que ridiculizar y atacar de manera violenta a sus rivales. Es decir, el mismo ha envenenado su herencia. Cuando tilda a Cepeda y a Petro de bandidos y de ahí para adelante, se está refiriendo a personajes que representan a casi la mitad del país y que, como el, han sido hábiles populistas. Corrijo: no es correcto meter a Cepeda y a Petro en la misma bolsa. Cepeda no ha sido un populista sino tan solo un candidato gris. De la Espriella sugiere que está enfermo, y eso explicaría la poca energía y entusiasmo de Cepeda en la campaña. Su peor momento, el discurso después de la derrota. Cuando los que no votamos por él esperábamos un discurso sobre el país y como cabíamos en su propuesta, decidió ponerse a hablar de Alvaro Uribe y, al otro día, de la estupidez de la camisa de la selección Colombia. Como si tuviera ganas de perder y ya. Petro, hastiado de ver tantas estupideces, decidió sumarse y cometer las de él.
En fin, confío en que Cepeda no ha engañado al país y que realmente no está enfermo, sino solamente cansado y aburrido de tener que defender un gobierno tan defectuoso. Metió a Uribe preso y le tocó ser candidato, pero nunca demostró que realmente quería serlo.
El que si quiere poder, plata, e influencia y se le nota, es nuestro próximo presidente, Abelardo. Si uno revisa sus entrevistas, lo he venido haciendo para conocerlo mejor, encuentra que ha defendido casi cualquier posición y la contraria a lo largo de los años. Siempre divertido, elocuente, ocurrente. Un maestro de capturar la atención, a todo señor, todo honor.
Nos cuesta a algunos, la minoría de la que hablaba al comienzo, creer en un líder de este tipo. No solo por lo que vemos sino por lo que los que hoy lo apoyan decían de el: Paloma Valencia lo acusó hace unas semanas de ser un estafador y robarse los cuadros de su familia y dijo también que era lo mismo que Cepeda; Vicky Dávila no lo bajaba de mafioso y la propia familia de Alvaro Uribe lo ha acusado de calumniador y farsante. La política es dinámica, pero ¿tanto?.
Abelardo presidente tendrá entonces un problema mayúsculo, gobernará un país con una polarización sin precedentes por su misma estrategia de campaña. Cuando la mitad del país se organice, salga a las calles, defienda los símbolos que recuperaron estos años, tendrá una situación compleja. Una cosa es la campaña, otra cosa es el gobierno. Me acuerdo una vez en una campaña presidencial en la que el salario de los maestros era asunto de discusión. El candidato presidencial decía, “no puedo decir que vamos a aumentarles X%, yo he gobernado y sé que cuando uno dice en campaña algo que no puede cumplir, el gobierno se enreda”. La candidata vicepresidencial decía, “diga eso, no importa, no ve que el rival está diciendo que les va a aumentar X 1%. Yo no he gobernado, pero quiero gobernar. Ganemos y luego vemos cómo hacemos.”
A cada rato pienso en esa conversación. ¿Quién tenía razón?
Abelardo diría que la candidata vicepresidencial, que los fines para el nobles -creo sinceramente que piensa que es un salvador de la patria- justifican medios innobles. Me da curiosidad, desde ya, como será Abelardo de expresidente en Italia: ¿qué le dirá a María Lucía Fernández, que la política tiene que ver con la ética y la moral o no?
Abelardo será expresidente y Petro presidente otra vez, de alguna manera, porque de este péndulo muy difícilmente nos salimos. Pero me adelanto. Quedémonos por ahora en la polarización que creó y hereda Abelardo: viendo a familias y amigos romperse porque unos están con Cepeda y los otros con Abelardo, recuerdo inevitablemente las cientos de entrevistas que hice en mi trabajo doctoral a venezolanos. Todos tienen una anécdota de una relación familiar que perdieron, de amistades que no volvieron por el fenómeno de Chávez. Ese fenómeno dejará heridas por años.
En el año 2006, voté por primera vez en una campaña presidencial. Lo hice por Carlos Gaviria. Recuerdo una discusión unos días después: un amigo que había votado por Uribe me decía que me tocaba ya desearle lo mejor a Uribe, que eso era desearle lo mejor al país. Yo con mi energía, rebeldía, prepotencia e ingenuidad de mis 20 años, le decía que estaba equivocado, que una cosa era el gobierno de Uribe y otra el país, que nosotros queríamos ser poder alguna vez y eso pasaba por confrontar a los rivales, no desearles lo mejor.
Ya 20 años después, y con con 40 años y con menos energía, rebeldía, ingenuidad y prepotencia, debo decir que le deseo lo mejor al presidente Abelardo. Espero que conforme un buen gobierno -varios conocidos de la burotecnocracia disfrazada de tecnocracia, esos que se acomodan cada 4 años llenarán esos viceministerios y direcciones como siempre; uno de esos en un mes pasó de la campaña de Claudia López, a la de Paloma Valencia, a la de Abelardo y lleva tuiteando fervientemente esta segunda vuelta, dele su viceministerio presidente Abelardo! - y se mantenga firme por la patria en su enfrentamiento frontal a los corruptos.
Después de tantas derrotas, con la última gota de prepotencia, o de autoestima, que me queda, me atrevo a sugerirle: trate con respeto a los que jamás podríamos votar por usted, ni por Petro-Cepeda. No somos sus enemigos, solamente compatriotas que piensan distinto.
Buen viento, presidente Abelardo.