Óigame bien, señor de las bolsas negras de basura:
Quiero que sepa que se le nota el desespero electoral. Yo no estoy en política; estoy dedicado a demostrar mi inocencia, y ya lo verá. Lo haré en los tribunales, como corresponde.
Aprovecho esta oportunidad para exigir respeto por mi honra y mi buen nombre, como General de la República que ha servido a la patria y ha merecido todos los honores. Pida mi hoja de vida en el Comando de Personal y compárela con la suya.
Su problema no soy yo, ni los hombres de bien que servimos a la patria. Su problema es usted mismo: su sombra, que lo perseguirá toda la vida, y su pésima educación.
Estos recurrentes ataques los considero una persecución política. Y hoy lo denuncio aquí, en esta publicación, ante los colombianos y ante el mundo.
Atentamente,
¡Un soldado que no quiso servir bajo sus órdenes!
Mi padre, médico, sí me crió bien y, junto con mi esposa, médica, hemos criado a nuestros hijos con los mismos principios y valores.
¿Algo más?
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