Mi vecina acaba de tener un bebé, pero nació sin orejas. Mi hijo y yo fuimos a visitarla y le advertí que no dijera nada sobre las orejas o se metería en problemas. Mi hijo miró la cuna y dijo: «¡Qué bebé tan bonito! Manitas, pies y piel preciosas. ¿Cómo va su vista?». La madre respondió que el bebé veía perfectamente. Mi hijo dijo: «¡Qué bien, porque si necesitara gafas estaría en apuros!».