Algún día ella verá las fotos de su boda y dirá: No mames wey, como nunca me di cuenta.
Cumplo 36 años de vida y no podría sentirme más orgulloso: tengo con quién bailar, por qué luchar y fuerzas para hacerlo por mucho tiempo más.
Escribiera Salvador Díaz Mirón:
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“Erguido bajo el golpe en la porfía,
me siento superior a la victoria.
Tengo fe en mí; la adversidad podría,
quitarme el triunfo, pero no la gloria.”