Nació el 3 de junio de 1986 mientras en México se jugaba un Mundial. Su padre lo llamó Josimar en homenaje al defensa brasileño que marcó dos golazos en aquel torneo. Cuarenta años después, Josimar estaba en otro Mundial. Esta vez como protagonista.
Su apodo es Vozinha, abuelita en portugués. Se lo pusieron de niño en Mindelo, Cabo Verde, porque cuando perdía en los partidos callejeros se iba a casa a refugiarse con sus abuelos. Lo que empezó como burla terminó siendo el nombre que llevaría grabado en la camiseta durante toda su carrera.
Vozinha no pasó por academias famosas. Empezó profesionalmente a los 21 años y jugó en Cabo Verde, Angola, Moldavia, Portugal, Chipre y Eslovaquia. Sin contratos millonarios. Sin titulares. Guardameta de clubes modestos esperando un momento que cada año parecía más imposible.
Ayer, a los 40 años, Cabo Verde jugó su primer partido mundialista de la historia. El rival era España, campeón de Europa.
España tuvo el 75% de la posesión. Realizó 27 remates. Vozinha respondió con siete atajadas, incluyendo una salvada a una mano después de que el balón golpeara el larguero.
El partido terminó 0-0.
Cuando sonó el pitido final, Vozinha lloró. Cabo Verde tenía su primer punto en la historia de un Mundial. Él era el mejor jugador del partido.
El niño que volvía corriendo a casa de sus abuelos cuando perdía terminó defendiendo el sueño de todo un país en la mayor competición del mundo.
Y Vozinha, el apodo que intentó hacerle pequeño, estaba escrito con orgullo en la espalda del héroe.