Para Mouffe, la difuminación de las fronteras políticas debilita a los partidos y desalienta la participación, favoreciendo el surgimiento de nuevos antagonismos bajo la forma de identidades colectivas religiosas, nacionalistas o étnicas como expresión del conflicto político.
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"No olvidemos que, aunque hoy tendemos a dar por sentado el vínculo entre liberalismo y democracia, su unión, lejos de haber sido un proceso armonioso, fue el resultado de intensas luchas".