🔙🇦🇷 Hoy, que se cumplen 18 años del día que Garrafa Sánchez nos dejó para tirar caños allá arriba, vale la pena contar esta historia.
Corría febrero de 1998. Como la Selección Argentina estaba en preparativos para el Mundial de Francia, la AFA organizó un partido contra El Porvenir -en ese entonces militando la Tercera División- en el predio de Ezeiza. Y enfrente estaba un muchacho llamado José Luis Sánchez.
Ese jovencito, hizo un gol y sirvió dis asistencias para amargar 3-1 al combinado dirigido por Daniel Passarella. No había forma de frenarlo y los comentarios sobre su actuación no tardaron en llegar, segundos después del final de la práctica. “¿Quién carajo es este pelado?”, preguntó Diego Simeone. “¿Y este viejo?”, reclamó Marcelo Gallardo.
Ese viejo tenía apenas 23 años y le decían Garrafa. Su look aparentaba un par de añitos más. Eso sí, la picardía la tuvo desde siempre: cuentan que se llevó varios shorts y camisetas de la selección y, las fuentes de frutas que sobraron, se las guardó en su bolso.
🗣️ “Nunca en mi vida, ni antes ni después, vi tal exhibición de fútbol, a excepción de Maradona”, dijo el psicólogo Darío Mendelsohn, integrante del cuerpo técnico de El Porvenir. No había mejor descripción.
Al día siguiente, los diarios más importantes del país informaron que Argentina había ganado 4-2. Claro, Passarella inventó y le filtró otro resultado a la prensa, para evitar críticas.
Sí, todo esto lo provocó un mismo tipo: Garrafa, el George Best de Laferrere. Potrero en la sangre. ❤️