La destitución de un Gobierno a manos de las Fuerzas Armadas siempre es un Golpe de Estado (ya sea Torrijos, Velasco Alvarado o Rodríguez Lara, de izquierda o Stroessner, Pinochet o Videla, de derecha). Pero cuando es por la vía de la insurrección violenta o por la vía parlamentaria, depende. ¿Depende de qué? Fácil. Veamos:
- Cuando el Congreso destituyó a Zelaya en Honduras, de acuerdo a la Constitución, fue considerado Golpe de Estado. ¿Por qué? Porque Zelaya es de izquierda.
- Cuando el Congreso destituyó a Lugo en Paraguay, de acuerdo a la Constitución, fue considerado Golpe de Estado. ¿Por qué? Porque Lugo es de izquierda.
- Cuando protestas masivas botaron a Sánchez de Losada en Bolivia, a Mahuad y Gutiérrez en Ecuador o a Cubas Grau en Paraguay, no fueron considerados como Golpes de Estado: era malestar social. ¿Por qué? Porque los organizadores eran, respectivamente, la izquierda boliviana, la ecuatoriana y la paraguaya.
- Pero cuando una masa iracunda asaltó el Palacio de Planalto en Brasil (ayudados por funcionarios desde el interior) no fue malestar, fue considerado como intento de Golpe de Estado contra Lula. ¿Por qué? Porque Lula es de izquierda.
- Y cuando una misma masa iracunda quiso asaltar el Palacio de Carondelet en Quito sí era solo malestar social, no fue considerado como un intento de Golpe de Estado contra Lasso. ¿Por qué? Porque Lasso es de derecha.
A Piñera se lo quiso desbancar del cargo primero por la vía de la insurrección social (como a Sánchez de Losada, a Cubas Grau, a Mahuad, a Gutiérrez o a Lasso) pero, como no resultó, se lo intentó a través del Congreso, de acuerdo a la Constitución, como a Zelaya y Lugo. Pero no fue considerado, como en los otros casos similares, como Golpe ni como intento de Golpe. ¿Por qué?
La respuesta es bastante obvia.