Cuando la noche es más oscura…
Entonces aparece la catarsis colectiva, que no te suelta ni te abandona, y los cuerpos levitan empujados unos por otros, entres saltos alocados y rítmicos.
Y podés perder una zapatilla, pero no la conciencia crítica para reconocer dónde está el mal.
Y rezás imágenes dolorosas, pero el volumen de la multitud las convierte en cuchillos clavados en el corazón de la indiferencia y la bobera.
Y sos una entre cientos de miles, y en esa masividad sos ínfima y, a la vez, multitud. Y te convertís en sobreviviente, igual que el que está al lado. Y pasan las décadas y te reencontrás entre banderas rojas y negras, porque sí, valía la pena la poesía. Y luchar.
No existe un alma ricotera que no sepa atravesar la noche y seguir en la búsqueda de los bellos milagros.
Hoy despedimos al Indio como corresponde: en familia, con una hermosa y cuidada misa.
Lo bueno de los ídolos es que son inmortales.