La Argentina de hoy vive una contradicción:
tenemos récord de producción en Vaca Muerta, pero el norte argentino no tiene garantizado el suministro de gas para este invierno.
Hay dos problemas concretos:
El primero es la infraestructura.
Para que el gas de Vaca Muerta llegue al NOA reemplazando al gas de Bolivia, hay que terminar la reversión del Gasoducto Norte. Pero las plantas compresoras todavía no están listas. Tenemos el gas, pero no la capacidad para transportarlo al norte.
El segundo problema es la Resolución 66 del gobierno nacional, que reasignó la capacidad de transporte de gas tras el cambio del flujo energético y dejó al norte en una situación de desventaja.
Las industrias del NOA tendrán más días de corte que las del centro del país, generando una fuerte asimetría competitiva.
La industria azucarera, en plena zafra, puede terminar pagando mucho más caro el gas que una fábrica del centro del país.
Y eso encarece la producción, el bioetanol y el empleo regional.
A esto se suma otro desafío: el costo del GNL que Argentina deberá importar para cubrir la demanda energética del invierno, impacto que también terminará reflejándose en tarifas e industrias.
Por eso necesitamos una solución de fondo.
Una política energética federal debe garantizar infraestructura, suministro y competitividad para todas las regiones.
Necesitamos continuar con los planes de expansión del sistema.
El desarrollo energético se planifica, y debemos generar las condiciones y la infraestructura necesarias para garantizar producción, inversión y empleo en todo el interior argentino.
No puede haber regiones más competitivas que otras simplemente por donde están ubicadas.