Pongo el corte, es de no creer.
Desnaturaliza la figura del Papa y confunde interpelación moral y dictado legislativo. Esta visión ignora la doble naturaleza jurídica y pastoral. El propio Papa inicia su intervención aclarando: "Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica", justificando su diálogo con los Estados desde una vocación de servicio a la persona humana y no desde el mero interés geopolítico de un Estado convencional.
Sin obviar que el Papa no impone una agenda legal. Plantea un discernimiento ético y moral fundamentado en el humanismo. Hay un sesgo interpretativo claro, con un tono que transmite la idea de una censura o amonestación papal hacia nuestros representantes.
Por último, simplifica el discurso presentándolo de manera binaria: al Papa "no le gusta" la polarización o las leyes de aborto/eutanasia, pero "sí le gusta" la normativa sobre inmigración (sin comentar, en todo el telediario, lo que ha mencionado de las mafias de personas o dar oportunidades en sus países de origen).
El espíritu del discurso dista mucho de ser una crítica destructiva. El Papa ha ensalzado a España como una "tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza" y pone en valor su rica herencia cultural, literaria y jurídica.
Vicente Vallés, un sinvergüenza.
Pero como puede estar mamando Vicente Valles, un español, con esto.
El mal de Alsinóteles